Exclusiva 23: La primera cena. Los 12, Alberto y La Grande Dame.

1 bot. La Grande Dame 1990 Magnum.

Precio socios: 403,35 €/botella.
Precio No socios: 443,66 €/botella.
Disponibilidad: 6 botellas.

 

LA PRIMERA CENA. LOS 12,  ALBERTO Y LA GRANDE DAME.

El 18-09-2008 cenamos en L´Escaleta, en la primera cena programada por nuestro Club de Vinos. Al final, gracias a los amigos, fuimos 12. La cena, como siempre, fue excepcional. Los vinos estuvieron a un nivel similar, elegidos y servidos por Alberto Redrado, tal vez el mejor sumiller del mundo (ya sé que es mi amigo, pero no por ser el mejor sumiller, sino por ser un hombre extraordinario). Según el orden que los bebimos fueron los siguientes:

 

Krug Grande Cuvée.

Billecart Salmon Cuvée Elisabeth 1996.

Prum Sonnenuhr Auslese 1994.

Egly Ouriet Blanc de Noirs VV.

Coulée de Serrant 1990.

Burklin Wolf Forster Kirchentuck  2001.

Rousseau Chambertin Clos de Bèze 1997.

Giacomo Conterno Barolo Monfortino 1995.

Egon Müller Scharzhofberger Spatlese 1983.

Egon Müller Scharzhofberger Auslese 1983.

Donnhoff Oberhauser Brucke Eiswein 1998.

Fontodi Vinsanto 1995.

La Grande Dame 1993.

Bollinger RD 1990.

Salon 1990.

 

Podría utilizar, ya que es cierto, el discurso de que nunca ningún Club de Vinos ha seleccionado vinos de esta envergadura para cenar, a pesar de sus 6,15 ó 25 años de existencia, y de sus 6 000, 30 000 ó 110 000 socios. Y no quiero hacerlo, además de que yo no soy el adecuado, por puro egoísmo, ya que me molestaría muchísimo contribuir a que alguno de ellos se ponga de moda en España, aumenten salvajemente los precios, la demanda supere ampliamente a la oferta, los ricos campen a sus anchas con sus billetes de 500€ y yo, en definitiva, me quede sin poder beber estos vinos que tanto me gustan. Podría comentar todos estos vinos por separado y muy extensamente, tal y como nuestras últimas dos Exclusivas se refieren a Krug y Egon Müller, pero prefiero que esta lista de vinos, descorchados y bebidos, solo sea el recuerdo de la primera cena de nuestro Club de Vinos.

Esta mañana he pensado la relación que mantenemos con el vino. Si cualquier relación, laboral, familiar, afectiva, amorosa, sexual…, es ya compleja por el simple hecho de participar en ella dos ó más personas, dos ó más mentalidades, siempre existe la posibilidad de aceptación, acercamiento, entendimiento etc.…, y ésto ocurre a diario en nuestras vidas. En nuestra relación personal, de cada uno en particular, con el vino, todo es mucho más difícil, ya que no existe diálogo, y siempre acabamos con la eterna sensación de no llegar nunca a comprender verdaderamente el vino. Queremos y lo intentamos pero es imposible. ¡Ojalá el vino hablase nuestro mismo lenguaje! El vino tiene una capacidad inconmensurable de sorprendernos, y atraernos a un mundo del que no queremos salir, y el hombre queda reducido a elegir qué botellas, cuantas, cuando y con quién bebérselas.

Me gusta muchísimo cuando nos juntamos varios amigos ante botellas de vino de altísima calidad. Y siempre hacemos lo mismo: defendemos libremente nuestras ideas, discutimos sin sentido aunque pensamos igual, recordamos aromas y sabores, vaticinamos lo imprevisible, dudamos sin saber nada, disfrutamos de nuestra ignorancia como de cualquier pequeña conclusión, pensamos en nuestra vida y en todo lo que consideramos importante, recordamos regiones, bodegas y añadas etc.….. Estoy convencido que es la mejor manera de acercarnos a este tipo de vinos, tan excepcionales y tan complejos, que siempre nos superan. El diálogo y el debate entre varios aficionados hace mucho más agradable y útil la reunión. Catar vinos es un ejercicio, un trabajo, puede ser individual y se debe buscar la máxima objetividad. Beber vinos es una afición apasionante, y posiblemente debe ser colectiva y subjetiva. Personalmente, conforme pasan los años y soy menos joven, baja mi interés por la cata, que las realizo habitualmente por motivos profesionales, y aumenta considerablemente mi afán por beber los mejores vinos, con mis mejores amigos, en un viaje, sin marcha atrás, a la búsqueda del mayor placer, seria y dignamente.

Posiblemente aquí debería acabar este comentario y ofertaros varios de los vinos bebidos en la cena. Pero quiero deciros que esta breve reflexión surge tras pensar en la Grande Dame 1993, haber visto su etiqueta, y hacerme algunas preguntas: ¿qué buscamos cuando catamos un vino?, ¿y cuándo bebemos el mismo vino?, ¿qué tanto por ciento del placer que experimentamos ante un vino depende de nosotros, del vino y del contexto?, ¿estamos ante el principio ó el final de la sutilidad, el equilibrio …., buscado intencionadamente a través del trabajo?, ¿la mente puede intentar ser objetiva ó hay que empezar a disfrutar plenamente de la subjetividad?, ¿qué tal se lleva nuestra mente, con su supuesta sabiduría y experiencia, con las etiquetas, un trozo de papel blanco, con unas letras, pegado a la botella? etc.…

La Grande Dame 1993 no fue de los mejores vinos de la noche, más bien al contrario, pero, además de hacerme recordar el  Dom Perignon 1993 de hace unas semanas, era simplemente extraordinario, y sobre todo me ha hecho plantearme las anteriores dudas, que solo intentaré resolver, sin éxito lógicamente, pensando y descorchando. Personalmente, conforme pasan los años y soy menos joven, voy cambiando mi valoración de las etiquetas más mediáticas, tipo La Grande Dame: al principio nos impresionan, después las ignoramos y al fin las entendemos y apreciamos (con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos los vinos y como todos nosotros). Recuerdo cuando éramos niños y jugábamos al parchís, ahora sustituimos el alegre “de oca en oca y tiro por que me toca” por “de duda en duda y descorcho porque me ayuda”, a saber que no sé nada, pero también a ser un poco más feliz, a sentirme con ilusión, a vivir.

Como estoy convencido que todos habéis probado varias añadas de La Grande Dame, aunque espero que recién comercializadas, es absurdo ofrecer el actual 1998 ó el anterior 1996. Os ofertamos La Grande Dame 1990 Magnum. Cerrar los ojos y olvidar la etiqueta. Sin más vinos, poca comida y algunos buenos amigos. Pensar en mis dudas y ante todo disfrutar del placer de beber vinos excepcionales.

Os esperamos, a quien lo desee, el 30 de Octubre, en la última cena del 2008, en el restaurante Arrop, de Gandía, con Ricardo y Mari Carmen. Estoy convencido que será otra noche inolvidable.



 
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