BORGOÑA EMOCIONAL

Precio socios: 178,22 € por envio

 

Confuron-Cotedidot. Aligote 2007

Guillemot-Michel. Macon Quintaine 2008

Newman. Côte de Beaune Blanc 2006

F. y A. Jobard. Mersault En la Barre 2006

JP. Y B. Droin. Chablis 1C.Mont de Milieu 2008

F. Mugnier. NSG 1C. Clos de la Marechale 2006

 

 

En esta ocasión hemos pensado realizar un intercambio de sensaciones y reflexiones sobre la palabra “Borgoña”. Y le hemos pedido a 15-20 amigos, sin compromiso y sin ningún tipo de interés extra, que nos escribiesen, en aproximadamente una página, lo que ellos quisieran, lo que simplemente, en un instante preciso, les apeteciese. Podían elegir, lógicamente, escribir sobre historia, geografía, una variedad de uva, una añada, una bodega, un vino, un viñedo, un bodeguero, un viaje un maridaje, un pueblo, viticultura, cocina, etc.

 

Quiero agradecer a todos los que han colaborado: José Luís Reverte, Francisco Freniche, Antonio Gras, Julio Biosca, Alex Hernández, Vicente López, Juan Luís García, Salvador López y Marga Linares. Además hay tres comentarios míos. Por último os detallamos los comentarios de los seis vinos que realiza Joan Valencia en su catálogo de Cuvée 3000, importadora que comercializa en exclusiva en España los vinos de las seis bodegas elegidas.

 

 

 

BORGOÑA, PRELIMINARES MILENARIOS

 

Blas Cerón Ramón

Me gustan los preliminares; y no me refiero a los 5, 10 o 20 minutos que preceden a cualquier éxito, sino al tiempo en otra escala. Horas, días, meses, años, décadas… Y no es tan difícil de entender: es el trabajo diario, en silencio, y salvo excepciones sin glamour, de los mejores científicos, deportistas, artistas, cocineros, etc. Muy excepcionalmente ocurre algo distinto, la superación de la dimensión del tiempo, lo que llamamos genialidad. 

Y en el vino, lógicamente, ocurre lo mismo. A todos los niveles, en las bodegas, los críticos, los distribuidores, los sumilleres, los aficionados… 

Borgoña como región vitivinícola es el objetivo final de todos los amantes del vino. Y tal vez por ello es tan injustamente tratada. Durante años, para muchos eternamente, se ignora, se evita, se desconoce, se critica, se infravalora… Y de repente un buen día se produce un coupage entre falsos preliminares (en forma de cata pseudoeducativa o veloz viaje) y el glamuroso éxito humano (creer en la propia sabiduría), y de repente, a la velocidad que sale el conejo de la chistera del mago, todo se transforma. Entonces sin darnos cuenta el péndulo se pone en funcionamiento, Borgoña se  convierte en la referencia exclusiva del vino de calidad, y el resto de regiones del mundo se ignoran, se evitan, se desconocen, se critican, se infravaloran, etc. Es triste que Borgoña sea el Todo o la Nada, el placer de los sabios aficionados o la meta inalcanzable de los ignorantes. Pero esto no es Borgoña, sino la actitud humana ante Borgoña. 

Intentar conocer una región cuyos preliminares duran siglos, incluso milenios, no es fácil. Podemos leer muchos libros, hacer muchos viajes, beber muchos vinos…, y tal vez no sea suficiente. Tal vez haya que empezar por el principio, por lo que hay antes de los preliminares. Pensar y aceptar nuestros orígenes  puede ser útil para que las ideas fluyan más ágiles, veloces y libres por nuestra mente. 

Como tenemos clara la idea, pero dudamos de nuestra capacidad para transmitirla, prefiero reproducir parte del Prólogo y del Epílogo del libro “La Evolución del Talento” (Editorial Debate, 1ª Ed. Enero 2010, sobre 20 €) de José María Bermúdez de Castro. Estoy convencido, aunque para algunos no lo parezca, que el autor habla de vinos desde el mismo instante que habla del hombre y de su mente, un mezcla (vino y cerebro) tan esencial como cuando el hidrógeno y el oxígeno se unen para formar el agua. En definitiva, un texto que puede fortalecer nuestros cimientos vinícolas, creando una nueva actitud, más humana, para vivir el mundo del vino de una forma distinta.

 

                                                                                                           

 

 

Prólogo                   Jesús J. de  la Gándara 

EL RELOJ DE LA HUMILDAD 

Tictac, tictac, tictac: han pasado tres segundos. Más o menos lo que dura una vida humana si lo compara con el tiempo que ha pasado desde que los seres humanos habitamos la Tierra.

Tictac, tictac, tictac: tres segundos más, (…) es la diferencia que hay entre sus genes y los de un chimpancé, menos de lo que dura un suspiro.

Estoy hablando de humildad. De humildad temporal, de humildad biológica, de humildad evolutiva. Los humanos somos seres extremadamente efímeros y no tan especiales como nos creemos. En conjunto los seres como usted y como yo, que conformamos esta especie tan “especial”, no somos ni tan antiguos ni tan sofisticados ni tan diferentes.

            Y aun así podemos sentirnos orgullosos (…) por poder escribir y leer estos párrafos, por saber trazar garabatos sobre un papel y que otros sean capaces de entenderlos. Y sobre  todo porque podamos sentir la humildad o el orgullo, y podamos percatarnos de ello, pues todo eso significa que tenemos dentro de nuestro cráneo un aparato tan complejo y asombroso, que ni siquiera su propietario es capaz de entender cómo funciona, a pesar de que lleva usándolo toda la vida.

            Y  lo mejor es que todo eso se debe a algo simple como que su cerebro y el mío están conectados, unidos por un hilo invisible pero muy fuerte: la información, que es algo así como el combustible limpio, barato e inacabable que usa nuestro cerebro para nutrirse, comunicarse o enamorarse. Cuando la información se comparte generosa e inteligentemente, produce la sabiduría más útil y eficaz para la vida humana: “el talento”. Cuando se escamotea o se usa inadecuadamente, produce malestar, suspicacia, agresividad, violencia y muerte.

 

 

 

Epílogo              José María Bermúdez de Castro 

(…)  Durante el siglo XX, los avances en embriología y en genética, pero también los de otras ciencias como la geología, paleogeografía, paleoclimatología, paleobotánica, las modernas técnicas de datación y, por supuesto, la arqueología, se han sumado a las evidencias paleontológicas para descifrar la historia evolutiva de nuestra especie. (…) Entre todos se han podido reunir los datos que nos permiten describir a grandes rasgos los procesos más importantes acaecidos en la descendencia humana, desde nuestra separación del linaje de los chimpancés hace en torno a los seis millones de años.

(…) Fácilmente podemos constatar cómo nuestra particular visión de los procesos ocurridos a lo largo de la evolución humana ha ido cambiando con el paso de los años. Sin ir más lejos, (…) nuestros ancestros más próximos y familiares, los neandertales, se han ido transformando desde el aspecto simiesco, encorvado, peludo, brutal y terrorífico hasta la recreación de seres muy parecidos a nosotros. Este cambio no ha sido caprichoso, sino producto de un trabajo de investigación objetivo. Los resultados de los estudios sobre el genoma humano y el de los chimpancés han sido la guinda del pastel que todavía estamos digiriendo. Seis millones de años de divergencia evolutiva entre ellos y nosotros no han dado para mucho. Gracias a que nuestros caminos se dirigieron por rutas muy diferentes: selvas cerradas frente a bosques abiertos y sabanas, nuestro patrimonio genético se ha diferenciado en poco más de un 1 por ciento.

Esa cifra tan exigua (…) causa un efecto muy curioso entre quienes la conocen por primera vez, una mezcla de asombro e incredulidad. ¿Seguro que la genética no se equivoca?, ¿cómo es posible que nos parezcamos tanto a esos primates peludos y chatos, de cara grande y cabeza pequeña que nos entretienen con sus travesuras en los zoológicos de nuestras modernas ciudades?

(…) La ciencia tiene poco de mágico (…). En realidad, los primates humanos estamos muy bien representados por los tres monos sabios, Kikazaru, Mizaru e Iwazaru, puesto que no queremos ver y oír y nos quedamos mudos ante la realidad de lo que sucede a nuestro alrededor. Pero es tiempo de aprender y de tomar decisiones.(…).

 La práctica de una filosofía obliga a ser activos en el amor hacia cierta sabiduría. (…) La pura teoría puede darnos satisfacción, pero la praxis puede resultar de no poca utilidad. Nuestro comportamiento social está sujeto a unas normas y a unas tradiciones establecidas por cada cultura.(…)

En cuanto a los individuos, la gran inteligencia que poseemos debe ser nuestra mejor aliada. No existen recetas mágicas que los gurús occidentales del siglo XXI hayan elaborado para lograr el éxito de los grupos humanos. Ante todo es imprescindible reconocer y aceptar lo que somos. Nadie puede eliminar de un tijeretazo los genes de su comportamiento primate, pero sí podemos canalizar con habilidad lo que la naturaleza nos impone. Para ello tenemos un talento personal que debemos aprender a conectar con el de los demás mediante ese hilo invisible que Jesús de la Gándara nos propone en su prólogo. Cuando la conexión es favorable la exactitud de las matemáticas no siempre se cumple: uno más uno pueden sumar más de dos.

 

 

 

BORGOÑA. CORAZON  

                                   José Luís Reverte Martínez 

¡¡Me gusta el vino, me gusta mucho!!. El Próximo mes de Agosto, se cumplirán dos años,  24 meses, que puedo decir que estoy inmerso en el vino, son tan solo dos años, pero intensos, alegres, vivos, enérgicos, felices,  si, sobretodo FELICES, ahora mismo me costaría mucho entender mi vida sin el vino, lo disfruto solo, mucho con mi mujer Isabel, con amigos, con profesionales……y realmente me siento muy feliz con una buena copa en las manos, me trasmite muchísimas sensaciones buenas, y quizás lo mas importante, es que me impregna  de una energía positiva, que se me hace vital, como el latido de mi corazón. 

Estoy sorprendido, porque mi club ABD, me ha pedido que escriba sobre Borgoña, yo les he dicho que apenas se nada de Bodegas, viñedos, terroir, vinificación, crianzas…etc, me piden que trasmita lo que pienso-siento. 

En Borgoña todavía no he bebido, (y realmente no se a que espero), DRC, LEROY……. y otros grandes, pero si que han llegado a mis manos varias botellas de grandes productores como Jobard, LAFON, Bouchard, Droin, De Montille, Denis Mortet, Ballot Millot, Newman, Roulot, Leroy genericos, Confuron Cotetidot, Mugnier, Carrillon, Raveneau, Oliver Leflaive……y varios mas, todos absolutamente excelentes, magníficos… 

 

Blancos de Borgoña. Chardonnay. 

         Me gustan mucho los Rieslings alemanes, alsacianos…. (hablando de secos, porque los dulces son otra historia), a mi mujer le encantan y a mi también, pero los blancos de Borgoña a parte de encantarme, me hacen serenarme, pensar……disfrutar mucho. Para mi un blanco de Borgoña lo tiene todo, finura, pureza, elegancia, frescura, fruta, acidez, complejidad, estructura, equilibrio, profundidad…….., pero desde un Chablis de Droin de 12 euros a un Comtes Lafón de 150 euros, cada uno en su nivel o división, dan lo mejor de si mismo, porque son excelentes, puros, francos, y la Chardonnay una gran uva, seguro que en una gran tierra, con su dilatada historia, y si además hay grandes personas productoras trabajando, pues de ahí el genial resultado final que se obtiene, una precisa y pura excelencia. 

Quiero defender en Borgoña blancos, la famosa RCP, aunque es de justicia reconocer que jugamos con ventaja, seguro que en Borgoña también hay muchos vinos malos, mediocres, pero eso de que los vinos de Borgoña son muy caros, es un “mito falso”, podría poner muchos ejemplos, pero  quiero poner el mas cercano, de anoche mismo, un vino que se llama, Hubert Lamy Bourgogne Chataigniers 08, con un precio sobre los 20 euros*, y esta tremendo de bueno, riquísimo, fino, elegante, agradable y complejo a la vez, y yo me pregunto, por ejemplo ¿Cuánto vale un vino Top de Verdejo?,que esta prácticamente imbebible(hay dignas excepciones), eso si de nombres mas fáciles de aprender o saber, valen 20 euros o mas, y son nefastos, muy flojos,  que solo quieren parecerse a no se que o quien, en fin,……. yo solo digo y defiendo blancos de Borgoña desde 10 euros a miles de euros, inmejorables en CALIDAD.

* Tengamos en cuenta que son precios de vinos ya puestos en España.  

 

Tintos de Borgoña. Pinot Noir. 

         Como he dicho antes, tengo muy poca experiencia, tan solo 14-15 botellas y puedo asegurar que ninguna me ha dejado indiferente, desde no gustarme, (ignorante de mi), siempre intentando compararlo con los nuestros, recuerdo muy bien una noche, hace un año mas o menos, cenando, delante un Pujanza Norte 05 y  un Mugnier Clos de la Marechale 06,  salí pensando que el Norte le había “dao de ostias al franchute” y quizás fue así, pero hoy no diría eso seguro ,o al menos haría el esfuerzo de entender esa “jodida”, pero mágica y sensible Pinot Noir, son registros, sensaciones tan impactantes y fantásticas, que nuestro cerebro debe de estar en predisposición a recibirlos, de lo contrario te puedes llegar a bloquear.

           Aquí no puedo hablar mucho de RCP y rollos de esos, solo se que no hace mucho, un par de meses, un Denis Mortet Beaux Bruns 2004 de mas de 100 euros, me pareció un regalo caído del cielo, o del infierno, pero estaba impactante, para perder la cabeza, si no la tengo ya perdida.

 

Borgoña-Corazón.    

Buscando la estrecha relación que mantenemos con el vino, y dejando a un lado el cerebro, por el cual pasan todos los vinos, con sus emociones y sensaciones, pensando en nuestro cuerpo, sus partes y órganos, para mi Borgoña es el corazón, me considero joven en mi vida vinícola, por eso quizás, no le haya prestado hasta ahora mucha atención, pero pasa el tiempo y me doy cuenta que el corazón es vital, es la fuerza, la energía, la sensibilidad…..todo, como Borgoña en el vino, al menos para mi, que cada uno busque sus propias relaciones:

-Borgoña----------------------Corazón.

-Alemania---------------------Pulmones.

-Champagne-----------------Sexo.

-Burdeos----------------------Piernas.

-Tintos españoles----------Brazos

-Jerez--------------------------Pies.

……..etc…..etc…….etc…..

No se, tampoco hagan mucho caso, es una forma de jugar, pero cuanto mas lo pienso mi corazón, mi amor, es para mi mujer Isabel, pero mi corazón vinícola es para Borgoña.*

 

BORGOÑA: la calidad … POR PAGOS


Juan Luís García

Borgoña no es la única zona de Francia donde existen y tienen entidad oficial los pagos, lo que allí llaman `lieux-dits` (singular: `lieu-dit`), pero sí es donde mejor se han integrado en la vida cotidiana de los ciudadanos, en sus leyes o en sus costumbres. La traducción literal de lieux-dits sería `lugares llamados`. Se trata de los pagos o parcelas de terreno que designan un nombre concreto con orígenes topográficos o históricos dentro de la Côte-d`Or ( Côte de Beaune y Côte de Nuits ). Son decisivos a la hora de determinar el nivel de calidad de un borgoña.

Se han catalogado 1.015 lieux-dits en la Borgoña vitícola . La mayor parte son de origen campesino, popular, y se han transmitido por vía oral de unos a otros a lo largo de los siglos. Hay tres palabras que se pueden considerar casi como sinónimos, y que son: lieu-dit, climat (`clima`) y también, como en Burdeos, `cru` (`pago`). Los geógrafos utilizaban el término de lieu-dit y los viticultores el de climat; en la reglamentación moderna se ha optado por el de `cru`, más extendido por toda Francia.

Y es que ocho siglos de viticultura controlada por los monjes y más de medio siglo de denominaciones de origen han servido para lograr el milagro que causa admiración en el resto del mundo: la estricta demarcación de cada pago de Borgoña, con su inclusión en un sistema con varias capas de calidad del terruño, que luego afectan directamente al precio del vino que se extrae de cada pago.

Los orígenes de estos pagos son más o menos espontáneos. Proceden, en su mayoría, de la Edad Media aunque para encontrar los de algunos de ellos nos tengamos que remontar a la época galo-romana. Los nombres y significados de estos terrenos son muy diversos. Se refieren a aspectos muy diferentes de la vida de los ciudadanos. Citemos algunos con sus ejemplos correspondientes: A la vegetación: Les Charmes (eran viejos campos cultivados que volvían a ser yermos).

A la constitución del suelo: Les Perrières (las personas que extraían piedras de la cantera).

A los propietarios eclesiásticos: Clos de Bèze (la pequeña propiedad que poseían los monjes de la Abadía de Bèze), Romanée-St. Vivant (propiedad de los monjes de St. Vivant).

A la identidad de un antiguo propietario: Chambertin (los campos de un tipo que se llamaba Bertin).

Al origen galo-romano: La Romanée (parcelas cultivadas por los romanos, sólo llamada así desde el s. XVII -antes se llamaba Le Clou (El cercado)-; Bonnes Mares (las buenas madres), todo un homenaje a la maternidad.

A los propietarios laicos: La Romanée-Conti (en 1760 Luis Francisco de Borbón, príncipe de Conti, compró esta propiedad a la familia Croonembourg, que estaba pasando por dificultades económicas, en dura disputa con Madame de Pompadour, puesto que, ya entonces, eran las mejores viñas y las más cotizadas).

A los accidentes geográficos: Montrachet (desde la Edad Media -siglos XIII-XIV- se le llamaba el Monte Pelado, perteneciente a al Abadía de Maizières; entonces era un lugar idóneo para el pasto de cabras). Por cierto, que el señor de Puligny repartió sus tierras entre sus hijos; los primogénitos eran caballeros (Chevalier-Montrachet), las hijas doncellas (Les Pucelles) y el hijo bastardo (Bâtard-Montrachet).

A lo social: Richebourg (el barrio donde vivían los más pudientes). Al Medioevo: La Tâche (`la tarea`) era un término de derecho feudal. La obra obligatoriamente tenía que ser ejecutada en un tiempo determinado). Los nombres de los lieux-dits son el reflejo de los mejores terruños. En el s. XVIII se comienza a utilizar la palabra `climat` para explicar los terrenos más importantes de la Côte-d`Or. Hay que pensar que en el s. XIV existían 14 pagos o lieux-dits distintos en las menos de 50 hectáreas de Les Clos de Vougeot; con posterioridad se mantuvo sólo uno con el nombre de Clos de Vougeot, creándose este climat para agrupar a los antiguos lieux-dits (y ha sido polémico desde entonces: los críticos dicen, con razón, que en 50 hectáreas caben varios pagos de calidad variable).

Podemos encontrar lieux-dits en pagos clasificados como `grands crus`, `premiers crus` o incluso no clasificados: en este último caso sus vinos tienen hoy derecho sólo a la denominación de origen municipal (Vosne- Romanée, Morey-St.-Denis, etcétera), aunque muchas veces la fama del pago es suficiente como para que el propietario lo mencione en la etiqueta, si cumple ciertos requisitos.

- LOS CLIMATS NO CLASIFICADOS
En cada pueblo el viñedo está dividido en parcelas o lieux-dits que certifican y precisan exactamente el lugar de donde proceden los vinos. Los vinos que se benefician de esta distinción deben justificar un grado alcohólico mínimo -se entiende que es la riqueza de azúcar natural- superior a los vinos de denominaciones municipales que no poseen un nombre de climat. Los nombres de estos lieux-dits o climats menos reputados pueden llevar escrito en la etiqueta el nombre, pero las letras no pueden ser mayúsculas y debe ir escrito junto al nombre de la denominación de origen, a condición de que el propietario haya hecho una declaración específica de su cosecha de ese pago.

- LOS PREMIERS CRUS
Son los lieux-dits valorados justo detrás de los grands crus. Tienen una delimitación concreta que reconoce las características propias y la constancia de su calidad. Dentro del mismo pueblo se diferencian las parcelas esencialmente por: la altitud, la pendiente, la exposición y la complejidad de los suelos. En la Côte-d`Or estas diferencias se suceden en muy pocos metros. Están autorizados a llevar escrito en la etiqueta la palabra Premier Cru y el nombre del climat. Pueden llevar únicamente la mención premier cru si el vino proviene de una mezcla de más de un pago así clasificado, siempre dentro de la misma denominación. El nombre del climat debe ir al mismo nivel que el de la denominación de origen.

- LOS GRANDS CRUS
Es la distinción suprema, la constancia en la calidad. Son las mejores parcelas, los mejores terruños certificados a lo largo de los años. La denominación de origen ya no incluye siquiera el municipio: el propio nombre del pago es la denominación de origen. En la etiqueta se puede escribir la mención Grand Cru debajo de la correspondiente denominación con igualdad de caracteres. Los grands crus de la Côte-d`Or, de norte a sur (hasta La Tâche, en Côte de Nuits; a partir de Le Corton, en Côte de Beaune), son: Mazis-Chambertin, Ruchottes-Chambertin, Chambertin Clos de Bèze, Chapelle-Chambertin, Griotte-Chambertin, Charmes-Chambertin, Le Chambertin, Latricières- Chambertin, Clos de la Roche, Clos St.-Denis, Clos des Lambrays, Clos de Tart, Bonnes Mares, Le Musigny (tinto y blanco), Clos de Vougeot, Grands- Echézeaux, Echézeaux, Richebourg, Romanée-St.-Vivant, Romanée-Conti, La Romanée, La Grande Rue, La Tâche, Le Corton (tinto y blanco), Corton- Charlemagne (blanco), Chevalier-Montrachet (blanco), Bienvenues-Bâtard- Montrachet (blanco), Le Montrachet (blanco), Bâtard-Montrachet (blanco), Criots-Bâtard-Montrachet (blanco).

Al norte, en Chablis , los siete climats Grand Cru deben llevar la mención encima del nombre del climat: El viñedo de la Côte-d`Or borgoñona no tiene parangón con ningún otro del mundo. Se ha ido formando a través de los tiempos: desde la época galo- romana, pasando por los monjes de Cluny y Citeaux, los grandes duques de la Borgoña, la ilustración, la llegada de los `négociants` y, en este siglo, del triunfo de los viticultores-elaboradores. Cada época ha contribuido a su engrandecimiento, haciendo especial mención a todo lo que supuso el triunfo de la Revolución de 1789, la redistribución de las tierras incautadas a la Iglesia y a la nobleza y repartidas entre la burguesía y los viticultores. Aquí encontramos la génesis de lo que sería la microparcelación existente en la Borgoña de hoy. 

 

 

BORGOÑA Cultura y Filosofía de Vida y Vino

Francisco Manuel Freniche Gonzalez – SUMILLER 

        Existen numerosas denominaciones de origen o comarcas vinícolas en nuestra vecina Francia. Pero indudablemente ninguna tiene tanta relevancia e importancia en todo el panorama  internacional como La Borgoña. Saber de vinos ya es tarea bastante más que difícil, pero conocer y entender todo lo que en sus grandes virtudes encierran estas bodegas, vinos, zonas, catalogaciones por antigüedad… es tarea más que compleja. Hace pocos años hice un viaje a la comarca, con un grupo de enófilos y algo más que locos por este “elixir” que con tanta grandeza elaboran desde antaño. Indudablemente el conocimiento del idioma es “casi” obligatorio, también el haber catado en numerosas ocasiones distintos vinos de sus más que variadas plantaciones encasilladas en sus distintas categorías. Básicamente la comercialización de uvas blancas están monopolizadas por la chardonnay, al igual que en las tintas su Pinot Noir. Normalmente cuando nos predisponemos a catar alguna de ellas, uno puede pensar que cada variedad puede estar relacionada a unos “parámetros” que te recuerden con algún parentesco ya encasillado según la cepa. Es un pensamiento equivocado para alguien que no haya estado allí. Recuerdo con gran interés el comportamiento de cada uno de los elaboradores a la hora de ofrecer sus vinos, son personas que no “titubean”, es decir tienen bastante claro cual es su trabajo, pero no es una cuestión ante un pensamiento digamos en pocos años, sino que ya es de una trayectoria familiar,  su filosofía es para ellos parte de su estilo de vida.  Tengo ciertas frases en mi memoria como “nosotros hacemos...”, cuando he visitado muchas bodegas fuera de esta zona oigo al contrario “nosotros intentamos hacer…”, esa es una de las mayores diferencias que podremos encontrar. Era una mañana bastante fría y nos disponíamos a visitar Leroy, bodega de las más prestigiosas de la zona. El importador de España (Joan Valéncia) entró pidiendo conformidad para que pudiésemos catar los vinos que se comercializarían ese año, que en esta ocasión serian los de añadas más antiguas. Seguidamente Joan salió y asintió ante la entrada al recinto, pero antes nos dijo una frase que les habían encomendado decirnos desde dentro “dígale a sus amigos que no se comporten como españoles”. Igualmente que a cualquier persona que no conozca a la gente de la Borgoña, pensará que nos tienen cierto recelo o incluso falta de respeto a los españoles, pero no es ese el caso, puedo decir que el trato fue de notable alto. En España se suele relacionar “aunque se que no siempre” el acto de beber como una cosa de jovialidad y felicidad acompañada de un ligero sentido de humor y subida de tono vocal, para estos franceses tiene que ver con el respeto a un producto ancestral, es para ellos una cultura en mayúsculas. Este respeto es tan grande que nunca escuché a ninguno de ellos criticar la forma de trabajar de sus bodegas vecinas, algo que desgraciadamente veo muy a menudo en muchas denominaciones nacionales. Creo sinceramente que ellos saben muy bien que La Borgoña es “todo” y criticar a otro tan solo perjudica a la denominación de origen en si. En la parte técnica realzaría la limpieza y pureza de sus vinos, el poder de la mineralidad, y la diversidad de estilos sacados todos de una sola variedad. Uno siente algo especial cuando visita el mítico viñedo de Montrachet, es una sensación que aún no se como descifrarla pero pienso que ese puede ser el secreto de este sitio con tanta historia.

             

¿Debemos ser chovinistas?

 

Vicente López Morant

 

Breve reflexión  sobre los  vinos blancos Españoles vs Borgoñas blancos

Creo que esta comparación no es justa para los vinos Españoles.

Puede que no seamos un país de vinos blancos, aunque la chardonay ha dado muestras de buena aclimatación a nivel mundial.

Puede que todavía en las zonas de España donde se elaboran vinos blancos con varietales autóctonas o foráneas,  no hayamos aprendido a sacar todo el potencial que tienen nuestras uvas, suelos y clima.

Puede que yo de una forma insensata trate de comparar chardonay elaborados en España con una de las zonas vinícolas más grandes del mundo.

Los vinos blancos de la Cote d´Or y más  concretamente de Beaune es donde se localizan los vinos más famosos y caros de Borgoña, son vinos profundos, minerales, con niveles de acidez altos pero bien ensamblados con la fruta, vinos con largas crianzas en barrica que le otorga al vino una longevidad increíble, sin que en ningún momento denote la  presencia de la madera, haciéndose presente de forma sutil  en su aroma.

Según un critico de vinos de fama internacional refiriéndose a los vinos de Borgoña, dice lo siguiente, “El precio de los vinos es una guía poco fiable”; Sugiriendo  que el precio de un vino esta sujeto a decisiones de marketing más que a la calidad del contenido de la botella.

A priori puede dar la impresión que en el campo de los precios, los vinos blancos Españoles parten con cierta ventaja.

No hace mucho tiempo probé un vino blanco de Borgoña en una cata con unos amigos, era un vino sencillo, chardonay con doce meses de barrica, bodega ubicada en Chassagne, genérico; Vino con buena intensidad aromática, en boca es un vino ligero y fresco con un toque mineral ; En resumidas cuentas,  un vino agradable de beber.

Al acabar la cata por curiosidad pregunte su precio, esperando que éste sería de unos 25 o 30 euros  precio venta distribuidor. La respuesta fue 12 euros, en ese mismo instante mi mente no pudo más que pensar: ¿Cómo puedo defender en el mercado calidades tan distintas y precios tan similares?

Pregunto angustiado ¿debemos ser chovinistas?

 

 

 DESCONOCIMIENTO, APRENDIZAJE Y CAMINANDO SIEMPRE DE FRENTE

                          Alex Hernández Perona

    
Al ponerme a escribir estas lineas sobre el tema en concreto que me atañe en este caso, pienso que como todo en la vida nos movemos las personas por sentimientos, sensaciones, problemas y asi un largo etc.
 
Para mi no es facil hablar de la borgoña ya que no se nada de ella, beber he bebido una minima parte y estar solo he estado una vez, pero creo que aun necesito descorchar un "poco" mas y saber de primera mano lo que piensan cada viticultor acercas de sus tierras, viñas, reflexiones y demas cosas que les atañen, en definitiva ponerme en la piel de ellos.
 
No se como guiarme a la hora de conocerla, se que no es dificil pero todo requiere su tiempo, estoy ahora msmo en un estado de descubrir cosas nuevas en cuanto al vino se refiere y antes de escribir estas lineas me propuse con toda la humildad y honestidad posible centrarme en 3 zonas vinicolas mundiales y una de ellas era borgoña.
 
Como todos vosotros me gusta el vino y creo ( seguramente me equivoque) deberiamos de reflejarnos al menos un poco en lo que hace nuestro pais vecino en cuanto al vino se refiere, indiferentemente de precios, etiquetas y toda esa parte comercial que aunque no nos demos cuenta hace mucho daño a las bodegas.
 
Creo que mi finalidad o felicidad no es saber mas que nadie sobre esta zona, es solamente comprenderla, coger una botella y sentirme seguro de esa pequeña historia que lleva dentro cada una de ellas,transmitirsela a mi mujer, mi familia, amigos y demas.
 
En definitiva espero dentro de un tiempo poder escribir de nuevo acerca de ella y ver mi evolucion acerca de ella, decir al menos que por ganas, exfuerzo no sera.
 
Alex.

 

 

BORGOÑA:Plenitud de sensaciones

Julio Biosca 

En el mundo del vino, Borgoña siempre ha sido un punto de referencia. Para algunos significa la belleza, para otros significa desánimo; a otros les impone y para muchos significa un punto sin retorno. No todo el mundo puede ser capaz de comprender todo lo que conlleva Borgoña; a algunos nos estimula el poder llegar a entender en su total plenitud sus vinos. Otros, por desconocimiento y por miedo a aceptar su ignorancia, se atreven a criticar llegando a creer que detrás de esa escasez de conocimiento se esconde una sabiduría infinita. 

Este invierno, tuve la oportunidad de viajar a Borgoña. En mi corta trayectoria en el mundo del vino, he leído toda la información que he tenido a mi alcance y he buscado escuchar a personas con experiencia para aumentar mi caudal de conocimiento. Pero viajar a Borgoña, pisar esa tierra, conocer a la gente del lugar, su historia, su pasado, sus anhelos, sus peculiaridades, sus rocambolescas historias familiares, etc. Pasear por Beaune, por esas viñas tan míticas y llenas de grandeza, La Tâche, Mussigny, Montrachet, etc. Eso para mi significa algo mágico.

Confieso que con lo vivido en ese viaje no tengo suficiente, espero poder volver en más ocasiones. Tal vez no tenga la oportunidad de tener la compañía que tuve en este viaje,-cuanta sabiduría junta-, pero necesito volver a pisar en un futuro aquella tierra, volver a sentir esa sensación gélida del invierno de Beaune y disfrutar de ese placer y gozo que para mi conllevan los vinos de Borgoña y seguir en el camino para llegar a comprender. 

Venimos de una época donde la reflexión, la mesura, el ir poco a poco era considerado como un estorbo que imposibilitaba el llegar lejos en la vida. Nos inculcaban que las cosas debían suceder con rapidez, sin tiempo de planificar, a velocidad de vértigo. Han tenido que venir malos tiempos en general, para que la humanidad, vuelva a plantearse la manera de vivir.

En Borgoña, sentí que desde tiempos remotos, de hace muchas generaciones, todo lo que han llegado a ser y significar ha sido fruto de la mesura del conocimiento de generación en generación, del respeto, del saber hacer de las personas, de la observación del paso de los días, del trabajo constante y diario y de sus gentes que transmiten una gratitud enorme para aquellos que con una mirada les transmiten su respeto y su gratitud por ese esfuerzo y trabajo que da como resultado unos vinos que le hacen a uno sentir en plenitud. 

Aprovecho estas líneas para agradecer a la persona que hizo posible mi viaje a Borgoña y que ahora me pedía que escribiese unas líneas sobre esa tierra. Bien sabe él que ahora esas líneas no pueden estar cargadas de un amplio conocimiento y sabiduría pero si llenas de sinceridad e ilusión para día a día ampliar un poco mas mis ansias de saber y comprender, también de anhelo para gozar y disfrutar los vinos mágicos de Borgoña.

 

 

BORGOÑA

Antonio Gras

 

Me gustan las palabras que te llevan, que te mecen, que te embrujan. 

Por ejemplo Álamo. 

Las palabras que tras de sí tienen geografías, historias, sombras y claros que nos hacen más deseables el quedarnos a vivir en ellas. Por ejemplo Venezia, con z. 

Palabras que siendo unas son varias porque esconden paraísos que tal vez no deberíamos haber conocido, pero que una vez vistos, paseados, olidos, se hacen parte de nuestra existencia y de nuestro ser. Por ejemplo  Hierro, la isla, el metal. 

Palabras evocadoras por su sonido cacofónico, que parecen deletreadas por mujeres de una isla del centro del mar que todos quisimos habitar y que nos llevan de canciones de Pino Daniele a playas africanas donde una vez creímos ver la libertad bañándose sin miedo a su desnudez infinita. Por ejemplo Siroco. 

Esta palabra que hoy me trae hasta aquí posee esos mundos y otros. Igual de placenteros, diversamente placenteros, húmedamente placenteros. 

Borgoña tiene geografía y colinas soleadas y sombras húmedas que adormecen hojas que cambian de color como la vida cambia de emociones. 

Tiene rostros con arrugas de gente que ha trabajado su leyenda y su mitología. Tiene nombres dentro de su voz que con sólo soñarlos podemos temblar de placer, de envidia, de conocimientos bajo tierras que en vez de traer himnos de muerte, traen himnos de longevidad y de obstinación, que sin ser lo mismo podría, aquí, parecer semejante. 

Borgoña une en su sonido a la tierra, esa pachamama que deberíamos adorar felizmente  sin rubor, y al hombre, que la perpetúa, y año a año, generación a generación, engrandece en un tatuaje sobre una piel húmeda y liviana que se convierte en religión pagana de quien pasa por la vida reconociendo que si todo llega a su final, siempre hay posibilidades de que el milagro vuelva a realizarse. 

Los que abrimos botellas para encontrar ese momento infinito que regala el vino, tenemos la creencia de que si bien la resurrección no existe algo debe de tener Borgoña que nos hace nombrarla/beberla con la insana alegría de desear que allí esté la luz que pueda iluminar nuestra dubitativa vida. 

Y solamente con  nombrar Borgoña, parece que el mundo, en este momento, podría ser mucho mejor, más eficaz, más sensual, más infinito, más recóndito. Más inolvidable y sin duda alguna, apetecible hasta el agotamiento. Como los labios y el cuerpo de la que amo.

 

 

LO QUE HE OIDO  SOBRE BORGOÑA

Marga Linares 

La verdad es que no sé muy bien por dónde empezar. Bueno, empezaré diciendo que soy una chica a la que le gusta el vino, pero eso será algo común en todos los que estamos escribiendo algo sobre Borgoña. 

Comenzaré mi historia contando que tengo un restaurante familiar, que soy la tercera generación que lo regenta y que hasta ahora nadie de mi familia se había interesado por los vinos. 

Hace cosa de cuatro años más o menos, un amigo empezó a hablarme de vinos y de marcas conocidas en España y de un tal Robert Parker, al cual yo me empeñaba sin querer en cambiarle el nombre y le llamaba “Peter Parker”, a lo cual mi amigo se reía y me decía que ese era el nombre de “Spiderman”, así que fijaos cómo andaba de bien encaminada, pero poco a poco fui aprendiendo un poquito. 

También me hablaba de Meter Sissek, de su famoso Pingus y de un tal Juan Carlos López de la Calle con su Pisón, de Alvaro Palacios y L´Ermita de los cuales yo evidentemente no conocía nada, pero poco a poco fue conociendo. 

En el restaurante, fui introduciendo vinos españoles con “nombre”, con “puntos”, y lo poquito  que iba aprendiendo se lo iba contando a mis clientes, los cuales, se iban contagiando de esta inquietud que yo tenía por conocer cosas nuevas sobre el vino. 

Comencé a probar vinos de distintas zonas, y me di cuenta que España no era sólo Rioja y Ribera. 

Después conocí a unos amigos de Murcia y ellos hablaban de Francia, de sus vinos, de lo buenos que eran, de sus viajes a aquellas zonas de las que yo no conocía, ni conozco y de que allí las cosas también se hacen muy bien, incluso para algunos, mejor que aquí.

 Eso despertó en mí la curiosidad por aquella zona llamada Borgoña y por sus vinos, esos tintos que parecen claretes, por ese tono “descolorido”, algo extraño para nosotros, acostumbrados a los colores fuertes, y que la gente que los había probado te decía que eran maravillosos, y que los blancos eran los mejores del mundo. 

No he tenido la oportunidad de probar ninguno y no sé por qué, supongo que como la mayoría de los españoles que no entendemos nada sobre vinos, creemos que no hay nada mejor que lo que hacemos aquí en España, que los vinos se miden por los “puntos” que tienen y por el dinero que valen, supongo que en algunos casos será así pero no en todos.

 En estos años que acabamos de pasar de abundancia, donde se gastaba dinero, como diría mi abuela, “sin miramientos”, la gente pagaba cualquier cosa por un vino “famoso” sin mirar si era mejor o peor que otro más barato. Supongo que cuando lo bebían encontraban lo que buscaban en él, o simplemente sacaban barriga diciendo: “he pagado mil euros por un vino”. Yo puedo decir por mi poca experiencia, que están buenos, pero creo que les falta ese algo, ese algo que ves en otras bodegas y otros bodegueros, que están muy lejos de ser simplemente un negocio; ese algo que ves cuando te abren las puertas de su casa y te explican con tanto cariño lo que hacen y cómo lo hacen y que cuando pruebas sus vinos ves en ellos el reflejo de sus bodegueros. Ese algo es el alma.

 Lo que quiero decir es que yo, no antepongo la calidad del vino al precio y reconozco que algunos de ellos, de los cuales conozco a los bodegueros, sí puedo decir que reflejan su filosofía y forma de ver la vida, y que estoy dispuesta a pagar su precio para poder saborearlos.

 Ya me he decidido, y el domingo voy a probar un blanco y un tinto de Borgoña. Lo voy a hacer con mi marido, otro enamorado de los vinos, y con una pareja de amigos, de los cuales él es sumiller, y espero que me ayude a entenderlos mejor. Estoy entusiasmada, nerviosa como una niña a la que le acaban de dar un regalo, y lo quiere abrir para saber qué hay dentro. No sé cómo olerá, ni como sabrá, pero sobre todo tengo ganas se saber qué se siente, que me dice el alma sobre ese vino. No sé si tengo las expectativas demasiado altas, pero al menos la predisposición es bastante buena ¿no?.

 Ya os contaré lo que he sentido. Espero dentro de un tiempo conocer algo más sobre esta región de la que tanto me hablais y de la que espero me enamore tanto como a vosotros.

                                                                        Un saludo, Marga.

 

ENLACES A BORGOÑA

           

Salvador López Fernández

 

Hola Blas:

 

Te envío los enlaces sobre Borgoña que los lectores pueden encontrar en mi blog.

 

Los dos primeros son sobre aquel viaje (lo que me dio tiempo a escribir) y el tercero lo de “mi novia Leroy”.

 

http://www.rtecasablanca.com/blog2/?p=158

 

http://www.rtecasablanca.com/blog2?p=159

 

http://www.rtecasablanca.com/blog2/?p=156

 

 

DE SIERRA ESPUÑA A BORGOÑA A PIE

                                          Blas Cerón Ramón. 

Ayer, al atardecer, como otros muchos días, salí a andar por Sierra Espuña. Un paseo, solo, en silencio, de algo más de una hora. Habitualmente miro como se mueven las nubes, los miles de colores de la naturaleza, los sonidos del silencio, el intercambio día-noche…, cosas  aparentemente intranscendentes pero que a mí me gustan mucho. Pero ayer fue distinto, estuve paseando por Borgoña, pensando en la gestión del tiempo y la búsqueda de la belleza, asuntos aparentemente transcendentes, pero que, entre árboles y con la mente ágil, pierden su complejidad, para concluir que casi todo en la vida es relativo, y depende del análisis y actitud de nuestra mente. 

Comencé la caminata pensando si debía volver a llamar, por tercera o cuarta vez, a todos los amigos que, gratuita y gustosamente, habían aceptado escribir un pequeño texto sobre Borgoña para nuestro Club de Vinos, algo sencillo y emocional sin más pretensión que intercambiar sensaciones y reflexiones. En un primer momento decido no llamarles, porque todos deben estar tan ocupados que no tienen tiempo. De repente observo una manada de arruis, salvajes, libres, que no saben que hoy es sábado, que su único objetivo es vivir su vida, buscar cosas realmente importantes (agua, comida, refugio, hembras fértiles…), mientras ven y sienten el paso del día a la noche, los ciclos lunares, las estaciones… Y por ellos volveré a llamarles. Porque no me gusta que los animales humanos, que gestionamos todo tipo de empresas, grupos y familias, optimizando al máximo los recursos y los resultados, tengamos tan poco tiempo para pensar en nosotros mismos. Tal vez sea más humilde e inteligente gestionar cada segundo de nuestra propia vida, incluso apagando el móvil y olvidando el reloj, que querer controlar, dominar y gestionar el paso del Tiempo, ese instante que transcurre entre el nacimiento y la muerte. 

Seguía andando, la senda se empinaba buscando un ligero repecho, para llegar a un un paisaje que me gusta mucho mirar, oler, saborear. Y como todavía pensaba en Borgoña, recordé una idea que a veces dice mi amigo: “todos buscamos en el vino la belleza”. De repente observo los conceptos de placer y belleza. El placer es físico, representa la excitación de los sentidos (la vista, el gusto, el oído…) y se materializa en una buena comida, un paisaje, un sonido, etc. La belleza es mental, representa la excitación de la mente y se materializa cuando somos capaces de analizar, comparar, valorar, aceptar, elegir… los mejores placeres. El placer es lo que siente cualquier persona ante cualquier vino que le gusta y lo disfruta mientras se lo bebe. La belleza es cuando un vino consigue que nuestra mente entre en funcionamiento, con plena libertad, recuerda y compara, imagina e inventa, reflexiona y expresa, elige y actúa, ect. En el vino, como en todo (el arte, el deporte, la cocina…), todos buscamos el placer y se alcanza más o menos fácil, mientras que la belleza, al ser totalmente involuntaria, es un deseo, un sueño, que afortunadamente  a veces se hace real. El paso del placer a la belleza (algunos lo llaman vicio, espiritualidad, felicidad, paz…), está en la excitación de las neuronas, que conlleva su interconexión (pensar que hay neuronas separadas más de 1,5 metros), generando mecanismos (de pensamientos, actuaciones…) muy complejos. Más silencio, para recordar que esta breve reflexión, “todos buscamos en el vino la belleza”, la he escuchado bebiendo o recordando buenas botellas de Borgoña. 

Sigo andando, la senda desciende suavemente entre los árboles, y al fondo, ya en el valle, multitud de casas y naves industriales, nuestra civilización. Un ligero aire lateral, paleras, avispas y flores, la casa ya en ruinas, atrás la balsa ya sin agua…, y una última idea que enlaza el deseo y la realidad. Me gustaría que los aficionados al vino, no dejando pasar el tiempo ni amparándose en la falta de dinero, se iniciaran seriamente en los vinos de Borgoña, con energía e imaginación. Tal vez un anuncio en el periódico “Busco 8-10 amantes, fieles a las DGT, para 400 o 500 anuales”, porque si haces 80.000 km anuales, y eres capaz de bajar de 140 a 120 km/h, además de viajar más tranquilo y olvidar las multas, ahorrarás un 20-25% de combustible, que supone 2000/3000 € anuales. Y si consigues reunir a 8 o10 amigos amantes de Borgoña, que están dispuestos a imitarte, juntareis entre 20.000 y 25.000 €, que se pueden materializar en 400 o 500 botellas anuales de 40 o 50 € de precio medio, lo que no estaría nada mal para nuestro primer año. Después nos haría falta más deseo, más energía y más imaginación. 

Durante seis millones de años el hombre se ha desplazado andando. Ni a 140, ni a 120, ni a 90 km/h, simplemente andando. Ya son las ocho de una tarde espléndida de domingo. Como ayer, voy a andar por Sierra Espuña, algo aparentemente intranscendente, pero que a mí me gusta mucho.

 

 

               

                                   ROMANEE ST. VIVANT (RSV)   

                                                                                                       Blas Cerón  

El porqué 

 En el mundo hay miles y miles de viñedos. Muchos de ellos se entremezclan para hacer una bebida alcohólica con fines estrictamente comerciales, sin más interés que ganar muchísimo dinero. Pero otros viñedos son distintos, tienen vida propia. Escondidos en la montaña, mirando al mar, desafiando al Sol, en laderas impresionantes de puro vértigo…, transmiten placer. Y hay otro tipo de viñedos,  aquellos que tienes que buscar, intentar comprender toda su inmensa grandeza, su complejidad, su extraordinaria elegancia, su belleza, etc…, viñedos capaces de transmitir su esencia a través de su tierra y sus uvas, para que tú y yo podamos descorchar una botella y con su vino ser un poco más felices. 

Pasan los años, nos vamos haciendo mayores, y poco a poco vamos eligiendo unos viñedos, que intentamos comprender a través de sus vinos, pero también conociendo su historia, la filosofía de sus propietarios, sus suelos, sus uvas, etc. Poco mérito tiene que me guste Viña el Pisón y Musigny, porque son tan extraordinarios que cualquier buen aficionado los pueden entender, es relativamente fácil (hay que leer, visitar, hablar, pensar y beber varias docenas de botellas), porque son viñedos que se expresan plenamente. 

Y hay otros viñedos que, siendo igualmente extraordinarios, tenemos más dificultades para entenderlos. Así estaba yo con RSV hasta hace unas semanas. En Enero estuvimos en Beaune y, como suelo hacer, compré 10-15 libros que voy leyendo poco a poco durante el año. Uno de ellos, “Millesimes en Bourgogne 1846-2009” de Jacky Rigaux (3ª Edición, Noviembre 2009), lo he leido entre árboles verdes, al principio de este suave verano del 2010. Y cada vez que leía el comentario de una añada buscaba en mis archivos (mentales en este caso) todos los vinos buenos que había bebido de dicho año, para decidir que este tipo de publicaciones son las que debemos de leer (olvidarnos de comentarios, que buscan el éxito comercial y el glamour personal, sin ningún tipo de fundamento), y reflexionar sobre toda la información que nos aporta. Había estado varias veces en el viñedo, había bebido muchas botellas de varias añadas, conozco las distintas bodegas elaboradoras, lo había comentado con mis mejores amigos…, y RSV  era un viñedo excepcional, pero me faltaba algo más. Reordenar mentalmente años y botellas para, sin darte cuenta, alcanzar algunas breves conclusiones, y pasar, viñedo y vinos, de grandes a extraordinarios.

 

Viñedo histórico y entorno mítico

Un viñedo tan extraordinario como RSV tiene lógicamente muchísimas referencias históricas, desde su origen, en tiempos posiblemente del Imperio Romano, hasta la actualidad. Para no aburrir sólo reseñaré algunas que me parecen interesantes. 

En el S.IX los monjes de Vendee se instalan, con las reliquias de St. Vivant, en la región. En 1276 se constituye el “Cloux de St. Vivant”, que conserva la misma superficie hasta hoy. Me gusta comprobar cómo hoy nadie recuerda ya ni las reliquias ni la abadía y sin embargo, el viñedo es para todos los aficionados un lugar de peregrinaje.¡Cómo cambian los tiempos!. 

En 1760 el Príncipe de Conti compra una parte del viñedo, entonces llamado la Romanee (desde 1794 es Romanee Conti, y la actual Romanee es una creación del S.XIX), y durante 30 años, que se lo confiscarán en la Revolución Francesa, se dedicó intensamente a beberse todo el vino, y a regarlarlo a sus mejores amigos. Políticamente Conti también debió ser importante, pero una minucia comparado con su visión del vino, más propia del S.XXII o XXIII (hoy a los ricos les da por la Bolsa y el acaparamiento sin escrúpulos). Nadie habla, imagino que por envida, cuando el príncipe de Conti firmó “queda reservada toda la producción de este vino para mi exclusivo uso personal”. ¡Cuánta inteligencia vinícola!. 

En 1791 N.J. Marey compra el viñedo y sus descendientes son los propietarios hasta el año 1988. Antes en 1898 habían vendido 2,67 hect al tatarabuelo de Louis Latour, la parte llamada les Quatre Journaux. En 1966 DRC (Domaine de la Romanee Conti) alcanza un acuerdo con el Domaine Marey-Monge para la explotación del viñedo de Romanee St. Vivant.En Septiembre de 1988 DRC compra a la familia Neyrand, herederos de Marey-Monge, 5,28 hect. del viñedo RSV, cuya extensión total es 9,43 hect. Es una compra tan importante que DRC tiene que vender la mayor parte de sus viñedos de Echezeaux, y una pequeña parte de Grands Echezeaux, que siguen dirigiendo con contratos a 30 años renovables, para poder financiar la compra. El resto del viñedo se lo reparte Louis Latour con 2,6 ha., y varios pequeños propietarios ( Leroy, J.J. Confuron, R. Arnoux…) que suman algo más de 1,5 ha. 

Vosne Romanee es un pequeño pueblo de Borgoña. Sin nada especial aparentemente. Pero, dejas la Route Nacional 74, atraviesas las casas y llegas a los viñedos. Sin duda “es el sitio del mundo que mejor marca el terroir”, es imposible encontrar más grandes viñedos juntos, tanto Premier Cru (Malconsort, Suchots, Beaux Monts, Aux Brulees, Petits Monts, Cros Parentoux, Aux Reignots…) como Grand Cru (Romanee Conti, Richebourg, La Romanee, Grande Rue, La Tache y Romanee St. Vivant). Todos son viñedos que producen vinos extraordinarios, muy distintos entre ellos, y muy distintos según la añada. 

En Vosne Romanee los viñedos se encuentran entre los 235 y los 350 metros de altitud. Los Grand Crus se suelen encontrar a media ladera, con una inclinación muy suave, que permite un buen drenaje, sobre una roca madre calcárea del Jurásico. RSV se encuentra entre 250 y 270 metros, con un suelo arcillo-calcáreo de 90 cm de grosor (50% de arcilla), y muy rico en calcáreo activo (12%). La variedad de uva es 100% Pinot Noir.

 

Concepto de añada en Borgoña

“Si la originalidad y tipicidad de los vinos de Borgoña la proporciona los terroirs de donde provienen, la calidad depende del clima de cada año, de la añada”, nos dice J. Rigaux. La pinot noir es una variedad muy fina que imprime en el vino, con una sensibilidad extrema, las características que el clima aporta al ciclo vegetativo. Son vinos monovarietales de pinot.noir, por lo que al no mezclarse variedades (como en Burdeos) no existe la opción de cambiar los porcentajes de unas y otras uvas para mejorar la mezcla final. En Borgoña todo es terroir, añada y el Hombre. Se respeta la Naturaleza, el suelo y la uva, son vinos puros y honestos. Por suerte tenemos archivos desde los romanos, especialmente de los monjes medievales, que nos informan de los trabajos de la viña, del grado alcóholico, de la madurez etc… 

Aubert de Villaine, cogerente de DRC desde inicio de los 90, nos dice que “en un año difícil el terroir marca más que la añada. Los vinos de los años pequeños son los verdaderos vinos de los aficionados, incluso si aportan menos placer. Como si en Borgoña el frío permite mejor que el calor una expresión pura, transparente y delineada del terroir. Nada más seductor que un gran vino de un año grande o excepcional, pero nada más admirable que un gran vino de un año pequeño o mediano”. 

En 1.869 Duvault-Bloche, propietario de DRC, publicó “De la Vendimia” acertadamente reeditada en 2002 por DRC y en el 2006 por Terre de vues. En treinta páginas nos resume “53 años de estudios, de experiencias y de comparaciones”. Nos dice que “para que la viña sea capaz de alcanzar grandes maduraciones, sin las cuales no habría grandes vinos, es imprescindible ser más exigente en la calidad extrema de todos los trabajos de la viña durante todo el año”. Y decía muchísimo más, la necesidad de comenzar la vendimia cuando el mosto alcanzaba 13 o 13,5º, la imprescindible lucha para evitar la podredumbre, lo desagradable que le resultaba el verdor de los vinos mediocres etc… Como aficionado es emocionante que hace 150 años se hablara de “la calidad extrema de todos los trabajos de la viña”. 

Henri Jayer (1922-2006), para muchos el mejor “vigneron” de la historia, nos demuestra que uno de los criterios esenciales para determinar la calidad de una añada es la duración de la insolación durante los treinta días que preceden la vendimia. Nos dice que “ los años que se benefician de 160 a 180 horas de sol pueden ser considerados como medio, los que tienen de 180 a 200 horas son buenos, y los que fueron dotados con más de 200 horas grandes o excepcionales”. Tambien defiende durante ese mismo periodo la importancia de la luminosidad ( no se debe confundir con el calor), que favorece la fotosíntesis, y del viento del Norte, que evita la podredumbre. Y humildemente reconoce H.Jayer que valorar una añada es un ejercicio complicado, porque “el clima es importante, el terroir es determinante y el hombre decisivo, de tal manera que a menudo se tienen felices sorpresas o tristes decepciones”.

 

 

 

Mis 10 mejores añadas de RSV  

  

Vamos a intentar analizar (entender, valorar, conocer, disfrutar…)un viñedo, RSV (Romanee St. Vivant), desde una doble perspectiva. En primer lugar os ofrecemos unos datos sobre diez añadas (comentarios basados en “Millesimes en Bourgogne”). Y a continuación, en cada añada, expongo, a título personal y como aficionado, mi opinión sobre algún vino bebido de dicho viñedo, y el porqué lo he elegido. Faltan vinos y añada, pero las que están son importantes, y me han sido útiles en mi valoración del viñedo.

  

Añada 1976

Después de una primavera suave y un verano con mucha insolación y muy seco se esperaba una añada excepcional. Pero en septiembre llovió durante 25 días seguidos, se generalizó la podredumbre gris, y cuando las uvas llegaban a las bodegas el ambiente era irrespirable. Nos recuerda H.Jayer que “las 114 horas de sol en las últimos 30 días están muy lejos del mínimo recomendable de 160 horas”. Es una añada que exigió una selección draconiana.

En conjunto fue un buen año, pero en absoluto grande o excepcional, como durante años se ha valorado. Es cierto que son vinos de una longevidad enorme, pero los taninos nunca se han redondeado, nunca han sido ni serán elegantes, nunca tendrán una textura borgoñona. H.Jayer reconoce que 1976 es su única añada (y elaboraría 40- 50) en que “los taninos tienden a oxidarse”. 

Hace 2-3 años bebí un RSV 1976 de Maison Leroy. Hay que atreverse a pedir esta botella después de tres Mersault Perrieres 2004 (Roulot, Lafon y Crivault) y un Montrachet 2002 de Ramonet. Por ello nuestra satisfacción fue mayor al comprobar que tal vez sólo Henry (murió en 1980) y Lalou Leroy habían sido capaces de seleccionar las uvas tanto (y era muchísimo) como se necesitó. Taninos y mineralidad perfectamente fundidos, con la intensidad justa que aporta los años. Nada de oxidación prematura, sino evolución grandiosa acorde la añada y la parcela, tal vez porque Lalou intrerpreta (elabora / selecciona) estas añadas complicadas como nadie. Y si los comparamos con otros 1976, incluso de la Maison Leroy (Volnay, Gevrey Chambertin Beaune…), vemos la jerarquía de las parcelas, lo que significa ser un Grand Cru mítico. Dice J.Rigaux acerca de RSV lo que se aprecia en este 1976, “es justo calificar el vino de monacal, por su rectitud impresionante, su constancia y su vigor. Austero en su juventud, con el tiempo muestra toda su complejidad”. Es imprescindible beber algún  RSV de este tipo para poder comprender como evoluciona el vino con el paso de los años.

 

 

Añada 1978

H.Jayer nos resume contundentemente esta añada: “Una de las mejores añadas que he vinificado, indudablemente una de las mejores del siglo. Un año frío con maduración tardía.” 

En primavera el tiempo fue inestable formándose muchos racimos millerandees, que permiten resistir un verano igualmente inestable y con poca insolación. Pero el verano de alarga en un “verano indio” delicioso, con un mes de septiembre extraordinario y de octubre excepcional, imposible de vaticinar en agosto. Desde inicio de septiembre el tiempo es perfecto, con 10 horas de sol diarias y viento del Norte, sin nada de podredumbre. La vendimia se inicia a mediados de octubre, por lo que el ciclo vegetativo largo permitió que en los dos últimos meses, simplemente antológicos, se superasen todas las dificultades que se vaticinaban al principio. 

No he tenido la suerte de beber ningún RSV del 78, y sin embargo quería incluirla en esta selección (igual que hay otras añadas, como 97, 2000, 2004…, que si he bebido y he decidido no incluirlas), siendo la única excepción en este sentido. El motivo es que en Enero del 2010 tuvimos la suerte de beber en casa de Confuron Coteditot un inolvidable Vosne Romanee Primer Cru Suchots 1978. Sabemos que la parcela de Confuron Cotedidot en Suchots está inmediatamente junta, separada por un camino de 3-4 metros, del viñedo de RSV. Podríamos hablar por comparación, tal vez igual de bien que habitualmente hacen muchos críticos. Pero es absurdo tener que hacerlo. Me gusta recordar el Suchots 78 para soñar con un RSV 78. 

Monumental, impresionante, inolvidable, extraordinario…, palabras que por sí solas intentan definirlo. Y no es fácil, porque no estamos acostumbrados a tal calidad. Equilibrio, complejidad, elegancia, contundencia, profundidad, juventud, mineralidad, flexibilidad…, prácticamente perfecto. El equilibrio entre fruta madura, alcohol y taninos es tan impresionante como el equilibrio entre el frescor, los aromas orientales, regaliz, higo seco, café… Sus 32 años de vida tal vez nos hacen olvidar el concepto de longevidad para aceptar el de eternidad. Es imprescindible beber este vino para comprender qué significa la plenitud.

 

Añada 1981

Las condiciones climáticas (invierno y primavera suaves y con más calor que la media, Julio lluvioso y frío, pero Agosto caliente y seco) vaticinaban una buena cosecha. Pero no llegó a ser excepcional, porque varias heladas afectaron a numerosas parcelas, el ciclo vegetativo fue irregular, las vendimias empezaron el 27-9 faltando 10-15 días claves para una mejor maduración, etc…En conjunto tiene menos fruta y menos equilibrio que la añada anterior, aunque ha evolucinado muy bien en botella. Para algunos, como DRC, es la mejor añada de la década, aunque yo estoy convencido que salvo excepciones el 80, 85, 88, 89 son superiores. 

Bebimos un RSV 1981 del DRC en el 2007 acompañados de un Lafite 96, Penfold Grange 83, Latour 70 y otros varios. El vino mantenía su estructura y su consistencia, mineralidad, taninos y acidez acorde con su edad, finos y elegantes, sin pesadez alguna, con sensación general de ligereza que no se debe confundir con endeble, tal vez un poco inexpresivo (posiblemente pasase una etapa difícil), etc. Un vino austero que tal vez necesita tiempo (no sé precisar más) para poder expresarse, y muy posiblemente, cuando despierte, nos muestre todas las características propias del viñedo de RSV. Un vino imprescindible para aceptar que, por mucho que lo intentemos, nunca entenderemos la energía de un viñedo como RSV.

 

Añada 1990

 

De nuevo una añada tan excepcional como 1978. Y sin embargo con unas condiciones climáticas tan distintas (prácticamente solo coinciden en los racimos millerandees y en la perfecta maduración). 

En el 90 todo el cielo vegetativo fue precoz, hasta el punto que las vendimias se iniciaron el 21-9 (25 días antes que en 1978) y podemos hablar de un ciclo vegetativo largo, caracterizado por la sequedad y el calor, salvo dos instantes puntuales que sirvieron para apuntalar la calidad (el tiempo fresco e inestable en junio que permitió la millerandage, y las lluvias de finales de agosto que sirvieron para acelerar la maduración en un momento que había excesiva ralentización vegetativa). Hubo 200 horas de sol en los últimos 30 días, se alcanzó entre 13 y 14º, ni rastro de sobremaduración ni de botritis, perfecto estado sanitario de pieles y pepitas, riqueza de azúcar y a la vez acidez remarcable etc… El único problema, y que nunca afecta a las mejores bodegas, es que quien no seleccionó tuvo rendimientos un poco elevados. La vinificación fue sencilla, sin grandes problemas, por la inmensidad de las uvas. 

J.Rigaux se refiere al 90 como “la gran añada del placer”, y no se cansa de adjetivos para definir los vinos: “complejos, profundos, con color, concentrados, opulentos, amplios, largos en boca, equilibrados, con una crianza en madera excelente, accesibles y a la vez muy longevos, frescos, suntuosos, elegantes, vinosos, brillantes, especiados, persistentes, con raza, viscosos etc… 

Erróneamente los aficionados tendemos a identificar cada añada con una idea, un concepto, negando analizar los distintos factores que hacen que valorar una añada sea muy difícil. En este sentido el 90 ha sido interpretado como una añada caliente, lo que significa, al menos para los que se sienten puristas, más un defecto que una virtud. Parecen olvidar algo tan elemental como que todas las grandes añadas de Borgoña son añadas de Sol, complementadas con determinadas condiciones climáticas. Y para colmo no aprecian (odio los análisis en base a vinos baratos y regalados porque simplemente son mediocres y nunca representativos de nada) que en los 90 el calor está plenamente arropado por una excelente acidez. Ahora recuerdo, entre otros muchos, cuatro grandes vinos de cuatro distintas zonas: Trapet Chambertin 90 Magnum, Comte de Vogue Chambolle Musigny 90, DRC RSV 90, Comte Armand Pommard Clos des Epeneaux 90. Todos ellos, bebidos recientemente, son vinos frescos y placenteros, con acidez y Sol. 

Pero ahora es el turno del RSV 90 del DRC, del cual he bebido dos botellas, en un espacio de 2-4 años entre una y otra, y, la primera observación, estaban prácticamente iguales, como detenidas en el tiempo, como un oso durante su periodo de hibernación. Es un vino que para mí representa más el viñedo que la bodega elaboradora, el carácter monacal y la austeridad de RSV más que la magia y el misterio de DRC. No tengo idea de cuándo despertará el vino (si el 81 está todavía despertando es difícil acertar sobre el 90). Ni imagino como será, como se expresará, porque si bien hay cualidades ya evidentes y sobresalientes (contundencia, estructura, fruta madura y fresca, longevidad…), hay otras virtudes (complejidad, suntuosidad, textura, elegancia…) que de momento no se aprecian en la dimensión que se espera, y que tal vez, con el paso de los años irán surgiendo poco a poco. Un vino imprescindible para, en los siguientes 10-20 años, beber 8-10 botellas, y disfrutar con su despertar, sus movimientos, sus gestos, etc.

 

Añada 1995

Nos dice J.Rigaux que el 95 es una “añada pedagógica”, ya que una regulación natural de origen climático, la millerandage, permitió superar una dificultad climática en la última etapa de la maduración. 

El periodo de floración de la viña, que marca la cantidad de kilos/Hect., se caracterizó por un déficit de insolación, con temperaturas inferiores a la media y alta pluviometría. Este tiempo frío ralentizó el proceso de fecundación de la flor, le que provocó una millerandage importante, asegurando una gran calidad. La millerandage es un abortamiento parcial de la flor, quedando los racimos muy pequeños, con un funcionamiento fisiológico de las bayas distinto, ya que la pulpa en los racimos millerandees se desarrolla muy poco, favoreciendo la parte pelicular, muy rica en aromas y en materia colorante (polifenoles). En el verano hizo calor y todo marchaba perfectamente. Pero en septiembre el tiempo cambió de repente, volviendo a un clima similar al del inicio del ciclo vegetativo (déficit de insolación, 77 horas menos de la media, tiempo fresco, nubes abundantes…), pero ahora la viña estaba preparada para superar estos inconvenientes (con la millerandage hay pocos racimos, que son pequeños y  con las pieles gruesas). Afortunadamente en septiembre no llovió excesivamente y la botritis no se generalizó. La vendimia fue madura, ya que en septiembre apenas hubo sol, pero en julio y agosto prácticamente se había completado la maduración. 

La calidad de la añada es alta, incluso extraordinaria en aquellas bodegas que seleccionaron muchísimo la vendimia, ya que habían muchas parcelas con botritis y otras que los racimos no habían llegado a la madurez, lo que significa aceptar una producción muy pequeña en una añada ya naturalmente pequeña. Quien trabajó bien obtuvieron vinos más o menos clásicos, de una guarda larga, con acidez, frescos, consistentes, complejos, minerales, frutales etc…, que pensamos deben ser la referencia a la hora de valorar una añada. 

Del 95 hemos bebido varios vinos pero quiero destacar el RSV de Dominique Laurent. Porque es el inicio de un nuevo tipo de negociants, pequeños y meticulosos al máximo, que suelen conocer al detalle cada finca y cada bodega proveedora, que elaboran  habitualmente entre 1 y 2 barricas de cada vino, que compran y venden a precios elevados porque siempre defienden la máxima calidad etc…Actualmente el otro negociant de “de garaje”, o de “de alta costura” es Lucien Lemoine, quien también ha elaborado en el 2006 un magnífico RSV, con una utilización de la madera y expresión de la fruta diferente, pues representan dos estilos no antagónicos pero si distintos.  

Dominique Laurent destacó en la época por la utilización de las “magics coask”, barricas especiales y exclusivas, con duelas de mayor grosor, criando el vino con un 200% de barrica nueva. Sin embargo este RSV aguanta perfectamente (al igual su Musigny, Grand Echezeaux y Clos de la Roche del mismo año), hasta el punto que existe un equilibrio fruta-madera realmente impresionante 10-12 años después de la vendimia. Es un vino especialmente fresco y agradable, con en equilibrio espectacular, elegante, con una interpretación perfecta de la acidez y el alcohol, sabroso pero no vulgar etc… Un vino moderno con fundamentos clásicos. 

Considero que el 95 por sus condiciones climáticas es una añada muy adecuada para el viñedo de RSV, al igual que otras añadas son propias para otros viñedos. Sin embargo también creo que el RSV de D. Laurent representa más su estilo (por ello hay relativamente poca diferencia con otros Grand Crus suyos) y la añada que el verdadero carácter de la finca. Un vino imprescindible para conocer la filosofía de calidad de los nuevos, distintos y excelsos negociants.

 

Añada 1996

1996 fue un año muy seco. El invierno fue tan seco que apenas hubo tres centímetros de nieve en febrero. Abril fue un mes frío, pero igualmente seco (solo 15 litros el 23 y 24), al igual que mayo, alcanzándose los 33ºC el día 28. Junio, julio y agosto fueron  tremendamente calientes y secos, alcanzándose más de 30ºC muchísimos días (36ºC el 14-7 y 35ºC varios días de agosto). Por fortuna 48 litros de agua del 5 al 9 de julio permitieron a las cepas seguir su ciclo vegetativo, y aguantar hasta finales de agosto, cuando el tiempo cambia notablemente y comienzan las esperadas lluvias. En septiembre el tiempo es frío, pero durante tres semanas, hasta incluida la vendimia, el viento del Norte impide el desarrollo de la botritis, y la gran luminosidad favorece la fotosíntesis. Fue clave la selección de la uva, ya que al ser un año tan seco la maduración fue desigual, quedando muchísimas cepas que no fueron capaces de madurar sus uvas. El estado sanitario del racimo era perfecto, las uvas muy sanas, el mosto con una acidez importante, que permitió una buena y fácil extracción de taninos (con una acidez baja hay que hacer más remontados). Si a principios de septiembre hubiese llovido un poco más, y más horas de sol, la maduración hubiese sido mejor y la añada excepcional. No obstante el nivel de calidad es muy alto para una añada tan excesivamente seca. 

De 1996 quiero destacar un RSV de Domaine Leroy. Estoy plenamente convencido que los mejores vinos de la década de este viñedo son, y con una ventaja importante sobre el resto, de Leroy al menos hasta la añada de 1999. Es imposible elaborar un vino que pueda mantener tanto frescor y tanta juventud a la vez que desarrolla las virtudes propias de los mejores borgoñas, como elegancia, complejidad, mineralidad… Y no es un comentario sin más, pensemos por ejemplo en un vino enorme, La Tache 96, y vemos todas esas virtudes de manera excelsa pero no tiene el frescor propio de los Leroy 96. Hay en el RSV de Leroy lo que yo llamo “equilibrio titánico”, desde la intensidad de la máxima calidad, que no tiene nada que ver con el equilibrio decadente de vinos que están más allá que acá, más muertos que vivos. Es un vino emocionante porque es muy difícil encontrar vinos, por muchos que bebamos, que combinen tan armónicamente una vivacidad y energía tan descomunal con una consistencia, textura, mineralidad…tan sutil y delicada.

 Es el vino de mi vida que mejor domina la acidez, es altísima, está presente (no se esconde ni se disimula), y a la vez es dócil y maleable, hasta el punto de poder afirmar que Leroy consigue hacer flexible la acidez. En otros muchos vinos del 96, de otras grandes bodegas, la acidez, siendo similar, se ha adueñado del vino, ya que la fruta, tal vez por un rendimiento más alto, no puede contrarrestarla, existiendo un desequilibrio eterno (aunque se esfuercen en decirnos que es falta de tiempo). Es un vino imprescindible para entender el concepto de “equilibrio titánico” desde la flexibilidad de la acidez.

 

Añada 1999

H. Jayer afirma que “hay que retroceder a 1934 para encontrar una asociación similar de cantidad y calidad”. 1999 es un año record de producción. 

El ciclo vegetativo fue regular, sin contratiempos. Fue un año cálido, con pocas lluvias. Sin millerandage ni enfermedades reseñables. La vendimia se inició el 20-9 y fueron muy abundantes, con muchísimos racimos y con granos muy grandes. Y ahí estuvo el problema, en la superproducción, ya que el exceso de carga impidió que la uva madurase bien. Fue imprescindible seleccionar y limitar los rendimientos. La calidad de los vinos es desigual, desde extraordinarios en las bodegas de los mejores viticultores hasta aceptables en el resto. En general se deben beber antes que los 96 y 95. Son vinos muy agradables, redondos, carnosos, cremosos, estructurados, con “taninos soberbiamente civilizados” según Perrin, vigorosos, con cierto dulzor, con una acidez aceptable, etc. 

De 1999 quiero destacar el RSV del DRC. Bebes este vino y reconoces al instante que la bodega ya consigue extraer toda la grandeza del viñedo, pasando de ser buenos a ser extraordinarios. En una cata horizontal del 99 del DRC pudimos analizar las diferencias de todas las parcelas, pero mentalmente recordé otros RSV de la bodega bebidas anteriormente. El 81 y el 90 eran grandes vinos, pero no marcaban tan bien el viñedo como el 99, que además de la parte austera, que  sí estaba presente anteriormente, mostraba la parte más hedonista, pero desde la contundencia, sin ningún atisbo de frivolidad. Posteriormente he bebido  otras botellas del 99, y, a diferencia del 90 (varias botellas muy similares entre sí), conforme pasan los años el vino está cada vez más bueno. DRC compró su parcela de RSV en 1988 y el 1999 es su primer vino realmente excepcional. El equilibrio general es pura armonía, todo está perfectamente acoplado: el alcohol inapreciable, la fruta fresca (por sus pequeñísimos rendimientos), los taninos acariciantes, el color natural (en absoluto negruzco), la acidez justa, el placer dosificado (madurez y extracción justa), contundencia controlada, el sostén de la madera, etc. Un vino imprescindible para disfrutar la pureza y honestidad del primer RSV “nuevo” del DRC.

 

Añada 2002

Después de un invierno seco, una primavera caliente, un verano alternando periodos secos, fríos, cálidos…, el final del ciclo vegetativo fue perfecto. A finales de Agosto, las deseadas lluvias y desde entonces, sin fallar un solo día, el necesario viento del Norte para evitar la botritis, evaporando la humedad y concentrando los azúcares. Mañanas y tardes soleadas y muy luminosas y noches frescas. Las viñas bien trabajadas, con rendimientos bajos (por poda corta) y bien ventiladas, tienen racimos muy sanos, con una muy buena acidez, perfectamente equilibrados. Para Denis Mortet “los mejores que he visto nunca”.  Las vendimias se iniciaron el 16-9, con buen tiempo, no necesitan ninguna atención especial en bodega, permitiendo la crianza mantener el frescor de la uva. Los vinos son en general intensos, largos, estructurados, ácidos, aromáticos, complejos, con gran potencial de envejecimiento, y marcan muy bien su terroir. Posiblemente la mejor añada desde el 90, ligeramente superior al 95, 96 y 99. 

El vino elegido del 2002 es el RSV del DRC. Ratifica todo lo dicho del 99, incluso superándolo, básicamente porque la añada es un poco superior, más contundente y menos cálida. Es un placer para cualquier aficionado poder disfrutar de dos interpretaciones tan magistrales, DRC y Leroy, de un mismo viñedo, que, aunque tiene en común muchísimas cosas, su carácter es distinto. RSV 2002 es el mejor RSV del DRC que he bebido hasta el día de hoy, siendo consciente de que me falta el 2005. Refleja perfectamente la añada, la finca y el carácter de la bodega elaboradora. Es un vino contundente y muy serio, con un futuro impresionante, con una mineralidad ya plenamente integrada, con unos taninos muy agradables, cremosos y dulces pero sin ningún exceso, fresco y ágil, sin ningún rastro de pesadez, elegante, que incita a beber y pensar entre trago y trago, aunque joven ya es complejo y expresivo…, como el mejor 2002. Es un vino normal y austero, como los ancestrales RSV, pero muestra, insinuándolo sutilmente, toda la seducción que define este viñedo, y que hasta ahora solo salía con el paso de los años. Y es un auténtico DRC, al nivel ya de los otros vinos de la bodega, que sigue con sus signos de identidad: respeto a la tierra, búsqueda de madurez, elaboración con raspón, barricas nuevas que no son capaces de doblegar la fruta, rendimientos muy bajos…, pudiendo mostrar así el carácter individual de cada finca, su pureza y su complejidad. Un vino imprescindible que une magistralmente una añada excepcional, una finca tan austera como seductora y una bodega como DRC que respeta la tierra, las uvas y los vinos. 

 

Añada 2003

Se refiere J.Rigaux al 2003 como “la añada del fuego”. Se batieron todos los records: sequedad, precocidad, temperaturas extremas, insolación etc… Fue la añada más caliente desde el año 1540. En agosto hicieron 9 días consecutivos de más de 40ºC. Las lluvias fueron hasta un 40% menos que la media. Los rendimientos fueron muy bajos, obteniéndose una producción un 50% inferior a la media. Las vendimias fueron las más tempranas de la historia, iniciándose el 13-8, mientras que las más tardías habían empezado el 30-10 (o sea, dos meses y medio de diferencia en el inicio de vendimias). 

La añada 2003 se caracteriza por su gran heterogeneidad, desde vinos míticos hasta auténticos jarabes compotados totalmente desequilibrados. Los rendimientos en general fueron muy bajos y muy variables, según suelos, exposición, edad de la viña…, aunque sin duda el aspecto clave fue la actitud de cada viticultor a la hora de trabajar el campo, pues solo pudieron hacer grandes vinos aquellos que practican una viticultura muy exigente, cuidando cualquier detalle, y reduciendo al máximo los rendimientos. Y es triste reconocerlo, aunque hay un grupo importante de bodegas que superaron la añada muy bien, la inmensa mayoría son vinos mediocres. 

En el 2003 Lalou Bize Leroy dio una demostración de su gran sabiduría vinícola, de que cuando se trabaja seriamente los resultados son espectaculares, incluso en las añadas más complicadas. Algo similar ocurrió en DRC, con La Tache realmente impresionante y fiel reflejo del 2003. No puedo tener duda alguna para elegir a Leroy como mi mejor RSV 2003. Fue emocionante comprobar en una cata horizontal como los ocho Grand Crus tintos de Leroy eran totalmente distintos entre si, y cada uno de ellos expresaba perfectamente la esencia de cada finca, mostrando la visión más fresca, pura, equilibrada y aromática de la añada 2003, sin rastro de la superconcentración o sobremaduración tan habitual en otras bodegas. A partir de esta cata, realizada en la primavera del 2008, comencé a entender el viñedo de RSV, su pureza, su contundencia, su flexibilidad, su textura, su armonía, su seriedad, su austeridad…Y todo ello se materializa en fruta, alcohol, taninos, acidez, mineralidad…Para sin darte cuenta, plenamente inconsciente, el vino te va seduciendo, poco a poco, a cierta distancia, hueles y piensas, bebes y te relajas, y vuelta a empezar. Y no es fácil conseguir esta calma cuando al lado tienes a Richebourg, Musigny y Charbertin, que proporciona otras sensaciones, pero no ese relax excitante de las neuronas exclusivo de RSV.  

Estoy convencido que es imposible hacer vinos mejores en Borgoña en el 2003. Y es justo que el trabajo obtenga su resultado. Porque Leroy sabe que sus rendimientos son los más bajos de Borgoña (entre 15 y 20 hect./Hect., frente a los 22-26 de DRC, 30-35 de las mejores bodegas, 40-45 de los buenos…) y que ese es el camino para buscar y conseguir la máxima calidad, aunque lógicamente haya que compensar tan minúsculas producciones con precios elevados. Un vino imprescindible para entender Borgoña y a Lalou Bize Leroy, su sabiduría, su interpretación magistral e inolvidable de la añada más extrema de la historia.

 

Añada 2005

Todas las condiciones climáticas son perfectas en la añada de 2005, desde el principio hasta el final del ciclo vegetativo, especialmente en verano, para J.Rigaux “una estación digna de un caso de escuela para definir una añada excepcional”. El verano se inició con una suficiente millerandage, anteriormente acasionada por la alternación de calor y frío, que proporcionó pequeños granos de gran calidad. Desde julio hasta la vendimia, iniciada a mediados de septiembre, el tiempo fue perfecto, seco, con calor y sol durante el día, y fresco por la noche. Cuando la maduración se ralentizaba llegaban pequeñas lluvias en el momento justo. No hubo tampoco ninguna helada devastadora como el 2004. El viento del Norte aseguró un perfecto estado sanitario y la luminosidad una perfecta maduración. La selección de la uva fue tan fácil que sólo había que quitar lo que no era perfecto. Las uvas tienen pieles gruesas, una relación ideal entre pieles y pulpa, con pepitas muy maduras. Equilibrio perfecto entre azúcar, acidez y taninos. Para J. Rigaux una “añada antológica: concentración natural, consistencia, clase, viscosidad sutil, mineralidad, textura, intensos en su juventud, complejidad excepcional, salinidad racial, dulzor delicado, longevidad, etc…”. 

Yo estoy totalmente de acuerdo con la excepcional calidad de la añada 2005. Y creo que todas las buenas bodegas, no sólo las mejores, hicieron grandes vinos, aunque es posible que durante los primeros años en algunas botellas nos llevemos alguna desilusión, que se debe a que no atravesaban, cuando se bebieron, un buen momento de consumo. Hay aficionados, que faltos de experiencia, no distinguen si es un problema del vino o del momento del consumo, y entonces, sin mala fe, critican Borgoña, la bodega y el vino. Recuerdo, por ejemplo, un RSV 05 de Jean Jacques Confuron, que comparado con el 99 y el 02 de la misma bodega y viñedo, el 05 es muy superior, porque logra reconciliar el Viejo y el Nuevo Mundo, desde la intensidad, la fuerza y la mineralidad, superando plenamente el ligero desajuste fruta/estructura/madera de años anteriores, para ser un vino compacto, sin fisuras, que representa fielmente un estilo, y en parte, la finca y la añada. 

Pero mi vino de RSV o5 es Leroy, para mí muy posiblemente el mejor RSV que he bebido en mi vida. Y no me refiero al momento de consumo, pues es evidente que el vino está muy joven, que con el tiempo alcanzará un nivel de calidad excepcional. Pero no se trata de que el vino será mejor, cuándo y cómo, ni compararlo con el futuro 2009 ni el anterior 96 o 2003. Es algo tan sencillo como pensar qué sentimos cuando lo bebimos. Es lógico que con los años el vino ganará muchísimo en complejidad a la vez que pierde parte de su juventud, pero también es justo reconocer que yo he bebido muchísimos vinos en plenitud con una complejidad extraordinaria y sin embargo en vinos jóvenes no recuerdo casi ninguno de esta envergadura. ¿Porqué sólo pensamos en juventud y falta de tiempo sin más? El vino ya está perfecto, para beber, para pensar, para disfrutar, para soñar… ¿Acaso es negativo que un vino sea extraordinario a los cuatro años?, ¿por qué tenemos tantas dificultades mentales para reconciliar tiempo y placer? 

Me gusta del Leroy RSV 05 el equilibrio perfecto entre su estructura natural contundente (fuerza frutal, madurez fresca, acidez alta, alcohol prudente, madera responsable) y sus cualidades seductoras (elegancia, finura, armonía, belleza, color, aromas, sabores…). En un principio pensé que todavía, por falta de tiempo, no representaba la finca de RSV, y si a Leroy y el 2005, pero después consideré que estamos ante la máxima expresión de RSV, acorde  a nuestra inteligencia más libre y nuestro tiempo, uniendo cultura y placer. Intencionadamente no he querido comparar Leroy y DRC, pero estoy convencido que ambos expresan como nadie la contundencia y la seducción, y en el 2005 Leroy ha sido capaz de añadir el placer. Pero,¿cómo se consigue?. Tal vez inventando un nuevo equilibrio, entre una mayor madurez, manteniendo la alta acidez, y sin aumentar extracción ni alcohol, creando una nueva textura (la seducción está en los aromas y el placer en los sabores). RSV 2005 de Leroy, imprescindible para comprender la Vida, el Vino y a nosotros mismos.

 

RSV  hoy

No es fácil para los aficionados acercarse a un RSV. No tanto por el alto precio de cada botella (hay gente con muchísimo dinero), sino por la dificultad para comprenderlo, hasta el punto que es absurdo beber un vino de esta envergadura para decir que “está muy bueno”, “me gusta mucho”…, porque para eso hay vinos de  10-20 €. De un RSV hay que esperar algo más, y aunque sea difícil de expresar, porque a veces mente y palabras no se acoplan, sí  al menos disfrutarlo plenamente. 

Pensemos en las añadas de la última década para comprender la dificultad. En años como el 2004, y posiblemente 2008, la delgadez cristalina y pura se confunden con un vino endeble y poco maduro, al igual, pero a la inversa, que la insinuante y bella madurez del 2000 y 2006 se confunden con un vino concentrado y sin acidez. Y en las grandes añadas, como el 2005 o el 2009, la parte hedonista es tan atractiva que sin darnos cuenta olvidamos la parte intelectual. 

Personalmente considero tres etapas, según mis sensaciones, en las últimas décadas de los vinos del viñedo de RSV, que no se excluyen, sino que cada una de ellas coge lo mejor de las anteriores y añade sensaciones tan nuevas como extraordinarias. 

Hasta el año 1990 los vinos de RSV eran austeros, con un carácter monacal, poco expresivos en su juventud, y que necesitaban muchos años, según añada, para expresar todas sus cualidades. Eran vinos de la historia, del tiempo, del viñedo… 

Desde 1990 hasta el año 2002 incluido se produce un equilibrio perfecto entre la contundencia y la seducción. Y hay que hablar de dos bodegas, DRC y Leroy, que, respetando el viñedo y la uva, logran elaborar vinos simultáneamente clásicos y modernos. Leroy hace una demostración, nunca vista, de juventud e intensidad, gracias a una acidez flexible, entremezclada de manera indisoluble con madurez (rendimientos minúsculos) y plenitud, en unos vinos tan sorprendentes como extraordinarios. Por su parte DRC encuentra el nivel 10 en RSV desde la finura, la elegancia, la complejidad…, controlando el Sol y evitando todos los excesos tan habituales en esta década, para alcanzar la seducción desde una especie de austeridad del siglo XXI. 

Desde el 2003 Leroy añade el placer. La viticultura y la elaboración alcanzan la perfección. Los vinos alcanzan la más absoluta precisión. Y todo es fruto de la reflexión del Hombre. El viñedo llevaba siglos esperando este momento. Antes el placer sólo llegaba al final (y en este sentido eran vinos de espíritu religioso), y ahora el placer llega desde el primer instante gracias a una seducción tan intelectual como hedonista, sin ninguna frivolidad. Y de esta manera son vinos para nuestra mente, que es donde unificar el vino y su contundencia, con la sensualidad, la seducción, el placer… Ahora son vinos plenamente humanos, adiós a los dioses. Vinos de nuestra cultura, de nuestro tiempo. 

Me gusta muchísimo RSV. La unión perfecta entre contundencia, seducción y placer. Y por suerte para los aficionados lo elabora, entre otras, las posiblemente dos mejores bodegas del mundo, Leroy y DRC. Vinos tan escasos como caros que bebemos en muy pocas ocasiones durante toda nuestra vida. Sin embargo nos hacen pensar, recordar, comparar, disfrutar, compartir, soñar… y hasta escribir.

 

LOS VINOS DEL ENVÍO

 

                                             Catálogo Cuvée 3000 – Año 2010

 

CONFURON-COTEDIDOT

11 Ha. 

Yves Confuron es un vigneron con mayúsculas. No hay más que ver sus manos  o su cuello para darse cuenta del personaje que tenemos enfrente. Posee buenas parcelas y las trabaja con verdadera pasión. Utiliza raspón en sus elaboraciones, y sus vinos están preparados para aguantar muchos años. Sus villages son riquísimos y “Les Suchots” es su cuvée fetiche. De todas maneras, aparte de su humor, lo mejor son sus precios.

 

Aligoté.  2007.  “Disfrutar de las pequeñas cosas”

 

Variedades:      100% Aligote

Alcohol:            11,96%  -  pH:3,25  -SO2: 41 mg/L  -  Az.Res.: < 2 g/L

 

 

 

GUILLEMOT- MICHEL

 

Pierrette y Marc trabajan este domaine bajo criterios biodinámicas desde hace más de 18 años. Trabajan con un orden y limpieza extraordinarios en contraste con la imagen de Marc, más propia de un chamán sabio que de un hombre escrupuloso en su trabajo. Es uno de los papás de la viticultura biodinámica y con su gran conocimiento de la misma hace real aquella frase que dice: “los grandes permanecen en el anonimato”. El vino que elabora procede de suelos limosos descompuestos muy compactos, ideal para la elaboración de vinos blancos.

 

Mâcon – Villages “Quintaine”.  2008.  “Madurez y mineralidad… la máxima expresión

                                                                       del respeto”.

Variedades:      100% Chardonnay vendimiado a mano.

Suelo:              arcilla, limo, subsuelo calcáreo

Vinificación:       prensado neumático suave de los racimos enteros, ligero deburbado, FAL espontánea con levaduras indígenas, FML.

Crianza:            sobre lías finas en depósito de cemento, embotellado sin estabilizar por frío.

Alcohol:            12,85%  -  pH: 52 mg/L  -  Az.Res.: 3,50 g/L                 

 

 

 

NEWMAN

 5 Ha.

 

Chris Newman es probablemente el elaborador más excéntrico de la Borgoña. Hijo de un magnate americano, Chris tuvo una exquisita educación en Europa donde descubrió los vinos de Borgoña hace casi 30 años. Hace 20 años se estableció, y en la actualidad cuenta con un precioso domaine en Beaune y con 5 ha. de viña propia, practicando una rigurosa viticultura biodinámica con rendimientos de menos de 20 hl./ha. La mayoría de sus viñas están en el pueblo de Beaune, y sus Beaune 1º cru son una delicia.

 

Côte de Beaune Blanc. 2006. “El blanco de Chris”

 

Variedades:      100% Chardonnay

Suelo:              arcillo calcáreo

Vinificación:      tradicional

Crianza:            14 a 16 meses en barrica de roble, 75% nueva

Alcohol:            12,50%  -  pH. 3,48  -  SO2: 20 mg/L  -   Az. Res.:  0 g/L

 

 

 

 

 

FRANÇOIS ET ANTOINE JOBARD

 6 Ha.

 

François Jobard está considerado uno de los padres de la apelación Meursault. Su estilo es tremendamente purista y del agrado de los aficionados más talibanes del borgoña. Crianzas largas, poca aportación de lías y maderas no muy nuevas, dan como resultado un estilo de vinos blanco tremendamente de guarda, que agradece el paso de algunos años antes de ser bebido. En la actualidad la bodega pasa por uno de sus momentos más gloriosos, gracias al tandem padre e hijo (François et Antoine), que conjugan a la perfección la fuerza y la experiencia adquirida después de algunos años de trabajo en conjunto.

 

Meursault “En la Barre”.  2006. “El más meursault”

 

Variedades:      100% Chardonnay

Suelo:              arcillo-calcáreo

Vinificación:      prensado neumático, sin deburbado, FAL y FML en barrica, sin batonnage

Crianza:            2 años en barrica (15-20% nueva), sin filtrar

Alcohol:            12,8%  -  SO2: 30 mg/L  -  Az.Res: 0,6 g/L

 

 

JEAN-PAUL ET BENOIT DROIN

25,50 Ha

 

Jean Paul Droin es una de las bodegas históricas de Chablis, en buena medida debido a las extraordinarias parcelas que esta posee.

Con la llegada al domaine de su hijo Benoit después de formarse con los dioses de Chablis, la bodega ha sufrido sufrido una ascensión fulgurante al olimpo de los grandes. Su mayor virtud es marcar muy bien el carácter de cada parcela.

 

Chablis 1º Cru  -  Mont de Milieu.  2008.  “Abierto y floral”

 

Variedades:      100% Chardonnay

Suelo:                          alternancia de capas calcáreas muy compactas y de tiernas marnas arcillosas con organismos marinos fosilizados, exposición sur-sureste

Vinificación:      entrada por gravedad de los racimos en la prensa neumática, FAL parte en DAI y parte en barrica, con control de temperatura, FML

Crianza:            10 meses en barrica, ensamblaje

Alcohol:            13,00%  -  pH: 3,14  -  SO2: 38 mg/L  -  Az. Res.: 1,7 g/L

 

 

 

FREDÉRIC MUGNIER

13,60 Ha

 

Fredéric Mugnier te va cautivando lentamente, de menos a más en una evolución ascendente,  

casi perfecta, sin brusquedades, sin aristas. Sus vinos son idénticos, la simetría perfecta donde vino y hombre tienen lo mismo que decir. La delicada y compleja fragancia se va adueñando de los sentidos, siempre de menos a más, lentamente, y es entonces cuendo en la boca aparece una persistencia que te hipnotiza, te eleva y te transporta a un estado de continua satisfacción, donde los sentidos están saciados y uno ya no distingue si está dando un sorbo, o si ya lo dió.

 

Nuits Saint Georges  - 1º Cru Clos de la Maréchale.  2006.  “El Clos más grande de la Côte d´Or de una sola familia”

 

Variedades:      100% Pinot Noir de viñas viejas de 41 años

Suelo:              arcillo-calcáreo

Vinificación:      tradicional

Crianza:            18 meses en barrica de roble francés, 25% nueva

 

 

 

 

 



 
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